Quiero hacer más para ayudar al mundo

“Si quieres servir al mundo, empieza por servirte a ti mismo”.
Swami Shivananda.

 

“Quiero hacer más para ayudar al mundo”, me dijo Amelia[1]en nuestra primera cita. Ad portas de terminar la universidad, ella tenía una sensación que,según me contaba, sentía desde que estaba en el colegio: una profunda necesidad de trabajar por el mundo, para ayudar al mundo; en sus propias palabras, ‘para tratar de salvar el mundo’.

 

Cuando Amelia se graduó del colegio, se fue a vivir fuera del país en un programa de voluntariado por los niños desnutridos. Al regresar, entró a la universidad y simultáneamente a sus estudios, empezó a trabajar en una fundación que desarrolla programas para habitantes de la calle. Durante las vacaciones, siempre buscaba ‘combinar’ el descanso con el servicio, yéndose unas semanas a descansar con su familia pero siempre dejando tiempo para alcanzar a regresar y participar en alguna obra social que le permitiera trabajar por alguna comunidad menos favorecida. Y así ha transcurrido la vida de Amelia desde muy niña: disfrutando los privilegios que ha tenido por haber nacido en una familia acomodada en Colombia, pero al mismo tiempo buscando agradecerle y devolverle al mundo justamente todos los privilegios que ha tenido.

 

A pesar de haber dedicado gran parte de su vida a prestar servicio, porque según ella es lo que siempre ha querido hacer, no dejaba de desconocer que acompañado a esa satisfacción, había también una sensación de ansiedad y vacío. Pero Amelia había sido siempre muy hábil para evadirla, para no enfrentar esa ansiedad ocupando cada vez más su tiempo en actividades de servicio porque creía que eso iba a llenarle ese vacío. Pero estando ad portas de graduarse de la universidad, y a pesar de tener claro hacia dónde quiere encaminar su vida desde el momento que se gradúe, la ansiedad no sólo no ha desaparecido sino que incluso ha ido aumentando. Y eso fue lo que finalmente llevó a Amelia a cuestionarse sobre cómo ha manejado su ansiedad porque desde una perspectiva racional, no tendría por qué sentirla ya que en este momento tiene un trabajo que cumple con todas sus expectativas, en el que además va a poder seguir prestando un servicio a los menos favorecidos y sumado a esto, es la primera vez que recibirá un salario por ello. Por todo esto, Amelia no lograba entender qué es lo que está manteniendo su ansiedad.

 

A medida que fuimos hablando durante las sesiones fui recordando una historia que cuenta con frecuencia mi Maestra. Hace varios años, uno de sus discípulos más allegados era un hombre realmente consagrado a la meditación, a practicar los kriyas. Dedicaba casi ocho horas de su día al trabajo espiritual por lo que se sentía contento y muy bien consigo mismo. Sin embargo, no se hablaba con su padre. Por esta razón, en algún momento la Madre lo confrontó al respecto haciéndole ver la incoherencia entre su trabajo espiritual y su vida cotidiana: si estaba dedicando ocho horas de su vida diaria a meditar pero no se hablaba con su padre, no estaba haciendo nada. Porque si se medita durante ocho horas al día, lo primero que tendría que verse serían los efectos de dicha práctica en la vida cotidiana, en sus acciones, en sus relaciones interpersonales, empezando sobre todo por sus relaciones familiares. Pero si después de meditar durante ocho horas diarias nuestros conflictos con nuestro mundo interno y externo se mantienen igual, realmente no estamos logrando nada con esa meditación.

 

Creer que por sentarnos a meditar, a orar, a ir a misa, a rezar, estamos cambiando el mundo, si estas prácticas no generan cambios concretos y visibles en nosotros mismos y en nuestras relaciones cotidianas con el mundo que nos rodea, estan equivocado como pensar que lo que debemos hacer es dedicar nuestra vida a “salvar el mundo”. Salvar el mundo entendido como vincularse a causas sociales, yéndose a vivir a otro país para ayudar a salvar a otros, donar sangre periódicamente, donar tiempo, viajar por el mundo dictando conferencias sobre la importancia de salvar al planeta, etc. Pero si eso se hace sin trabajar en nosotros mismos, en las relaciones más cercanas con nuestra familia, con nuestros amigos, ¿De qué le sirve al mundo un conferencista exitoso que le es infiel a su pareja? ¿O que la maltrata verbal o físicamente? ¿Para qué un voluntario que le dona su tiempo a los niños con hambre si internamente es una persona infeliz que tiene que refugiarse en el exceso de trabajo o en alguna sustancia psicoactiva?

 

Uno de los principales descubrimientos de Amelia durante este proceso ha sido darse cuenta que hay una cierta arrogancia en su decisión de trabajar por los demás. Que aunque lo hace con gusto y convicción, también siente una necesidad de reconocimiento por parte de los otros. Aunque esto último nos ocurre a todos en mayor o menor medida, es más contradictorio que esto ocurra cuando dedicamos nuestro tiempo a trabajar por los demás. “Desde muy chiquita he sido una persona insegura, la relación con mi cuerpo no es la mejor.  No puedo decirte que tenga un trastorno alimenticio pero sé que sí tengo un tema con la comida y claro, cuando me voy a trabajar a esos lugares apartados del mundo, escasamente hay comida; entonces tengo la disculpa perfecta para justificar por qué pierdo tanto peso. Por estar viajando tampoco tengo tiempo de tener una relación de pareja. Pero en verdad es más el miedo que me da querer a alguien, que alguien me quiera, de pensar en tener una relación sexual con alguien que se me vuelve el escudo perfecto para no reconocerme todos mis miedos”.

 

El trabajo externo e interno no tiene por qué ser excluyente. Al contrario, de lo que se trata es de lograr un equilibrio entre ambos. Si como es el caso de Amelia, la vocación que sentimos es prestar servicio, maravilloso. Y es tan válido como quien escoge trabajar en una multinacional, como quien decide dedicarse a la maternidad o como quien asume ser independiente en cualquier campo laboral. Lo importante es que el trabajo no se convierta en ‘la disculpa’ para descuidar y dejar de lado el trabajo en nosotros mismos, en nuestro propio desarrollo y crecimiento personal. Y no es difícil que,como le ocurrió a Amelia, la idea de querer cambiar el mundo se convierta en la mejor disculpa para no hacer el trabajo en nosotros porque las causas sociales, trabajar por el planeta, por los animales, por los niños, etc., son causas increíbles, maravillosas. Pero paradójicamente nos pueden llevar a volvernos arrogantes y displicentes con quienes no trabajan por esas mismas causas. “¿De qué me sirve trabajar por el mundo si en mi mundo interno todo se está derrumbando?”

 

Trabajar con Amelia me ha permitido comprobar, tanto por ella como por mí, lo que tantas veces le he oído repetir a mi Maestra y que tantos Maestros han repetido a lo largo de la historia de la humanidad: la mejor manera de contribuir a salvar el mundo es trabajar en nuestro propio desarrollo, en mejorar día a día como seres humanos, porque es desde ese desarrollo y crecimiento personal interno que nos lleva a conocernos cada vez más a nosotros mismos, a reconocer cuáles son nuestras fortalezas y debilidades, nuestros lados de luz y de oscuridad, que vamos a ir disminuyendo el riesgo de hacer las cosas solamente por el mundo externo, por complacer a los demás, por la necesidad de un reconocimiento que al final acaba generando ansiedad, inseguridad, arrogancia y, peor aún, una infelicidad que no sabemos cómo afrontar. Este proceso de autoconocimiento es el que nos permite reconocer desde dónde tomamos las decisiones, si lo hacemos desde una pasión intrínseca o si es para que los demás nos vean, nos reconozcan, nos admiren y nos adulen. Si es por todo esto, culparnos es un grave error; lo importante es reconocerlo y empezar a trabajarlo para cambiar nuestra motivación y ser conscientes que la mejor manera de aportarle al mundo, de querer salvarlo, es haciendo el único trabajo que podemos hacer para contribuir a transformar el mundo: el trabajo en nosotros mismos.

Ximena Sanz de Santamaria C.
Psicóloga – Psicoterapeuta
MA en Terapia Breve Estratégica.
Twitter: @menasanzdesanta
Instagram: @breveterapia

[1]Nombre ficticio para proteger la identidad del consultante

5 comentarios
  1. Chica Rueda Dice:

    Estoy en total acuerdo y a través de mi larga vida, vine a darme cuenta que para mejorar las relaciones humanas y las creencias que tengamos, hay que comenzar por nosotros. Cuando uno está bien con uno mismo, inmediatamente cambia todo a tu alrededor y logramos ver todo con madurez

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    • Ximena Sanz de Santa María
      Ximena Sanz de Santa María Dice:

      Querida Chica,

      Muchas gracias por tomarte el tiempo de leer y más aun, de comentar. Que este espacio permita compartir experiencias, pensamientos, aprendizajes, me da mucha alegría porque creo que de las experiencias de los demás, aprendemos mucho!! Así que de nuevo, gracias por compartir lo que has descubierto a lo largo de tu vida, por tus aprendizajes.
      Un abrazo!!

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  2. Paloma Dice:

    Disfruto mucho leer estos articulos y ver que todos los seres humanos buscamos exactamente lo mismo, y que lo unico que realmente varia es el camino que cada uno elige recorrer para “conseguirlo”. Afortunadamente caminos hay miles, algunos se entrelazan, se encuentran, conectan y otros jamas se cruzan; cada uno trae sus propios paisajes, noches y amaneceres, y siempre habra lugar para dar media vuelta y empezar nuevos rumbos. Hoy oia una entrevista en un canal que me encanta, sobre la importancia de trabajar en el ser, y no tanto en el tener, o en el parecer, aun si esto ultimo es a lo que como sociedad dedicamos todos nuestros esfuerzos. Gracias por compartir estas experiencias!

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    • Ximena Sanz de Santa María
      Ximena Sanz de Santa María Dice:

      Querida Paloma,

      Muchas gracias por haberte tomado el tiempo de leer y más aun, de comentar el artículo. Comparto contigo totalmente esto que dices: “Todos los seres humanos buscamos exactamente lo mismo, y que lo unico que nos diferencia es el camino que elegimos para “conseguirlo”. Es fácil desviarse de ese camino, sobre todo en un mundo que nos hala constantemente a que lo busquemos más afuera que dentro de nosotros; de ahí que sea tan fácil perdernos en nuestro ego.
      Gracias nuevamente por compartir lo que te generó y lo que pensaste. Un abrazo!!

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  3. Paloma Dice:

    No se si el ultimo comentario que escribi se borro o si esta perdido en la red, pero queria volver a expresar lo mucho que disfruto leyendo estos articulos. Confirman que todos los seres humanos buscamos exactamente lo mismo, y que lo unico que nos diferencia es el camino que elegimos para “conseguirlo”. A veces nos perdemos para encontrarnos, o nos encontramos para perdenos de Nuevo, y asi van pasando los anos. Afortunadamente caminos y formas de recorrerlos hay miles, algunos se entrelazan, conectan, y otros jamas de cruzan. Lo mejor es que siempre hay lugar para cambiar de rumbo, buscar nuevos destinos dar media vuelta y afinar la direccion; al final cada camino tiene sus propios paisajes, sus noches y amaneceres, Gracias por compartir estas experiencias!

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