Tomado del libro Anger  de Thich Nhat Hanh
(Traducido del inglés al español por Alejandro Sanz de Santamaría)

Ser feliz, para mí, es sufrir menos. Si no fuéramos capaces de transformar el dolor que sentimos internamente, la felicidad sería imposible.

Mucha gente busca la felicidad por fuera de ellos mismos, pero la verdadera felicidad tiene que venir de nuestro interior. Nuestra cultura nos dice que la felicidad viene de tener mucho dinero, mucho poder y una alta posición en la sociedad. Pero si usted observa con cuidado verá que mucha gente rica y famosa no es feliz. Muchos se suicidan. (p. 1)

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Cuando alguien dice o hace algo que nos genera rabia, esto nos hace sufrir. Nuestra tendencia es a reaccionar en una forma que haga sufrir al otro con la esperanza de que así sufriremos menos. Pensamos: “Yo quiero castigarlo, quiero hacerlo sufrir porque usted me hizo sufrir. Y cuando usted sufra bastante me sentiré mejor”.

Muchos de nosotros nos inclinamos a creer en esta práctica tan infantil. El hecho es que cuando usted hace sufrir al otro, él buscará alivio haciéndolo sufrir más a usted. El resultado es una escalada de sufrimiento de ambas partes. Ambos necesitan compasión y ayuda. Ninguno de los dos necesita castigo.

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Usted necesita observar-con-atención-consciente durante cierto tiempo para que la flor de la rabia se pueda abrir (itálicas agregadas). Es como cuando cocina unas papas; las pone en la olla, le pone la tapa, y la pone en el fuego. Pero, aún cuando tiene una llama muy  fuerte, si la apaga en cinco minutos las papas no se cocinarán. Tiene que mantenerlas en el fuego por lo menos quince o veinte minutos para que se cocinen. (…)

Su rabia es así: necesita cocinarse. Al comienzo está cruda. Usted no puede comer papas crudas. Es muy difícil disfrutar su rabia, pero si usted sabe cómo cuidarla, cómo cocinarla, entonces la energía negativa de su rabia se convertirá en la energía positiva de la comprensión y la compasión. (…)

Abrace su rabia con mucha ternura. Su rabia no es su enemigo: ¡es su bebé! Es como su estómago o sus pulmones. Cuando tiene dificultades con sus pulmones o su estómago usted nunca piensa en sacárselos y botarlos. Esto mismo debe ocurrir con su rabia. Usted la acepta porque sabe que puede cuidarla, hacerse cargo de ella, y transformarla en energía positiva.

El jardinero orgánico no piensa en botar la basura: sabe que la necesita porque puede transformarla en compost (abono), que a su vez se transforma en lechuga, cocombros, rábanos y flores. Como practicante de la observación-con-atención-consciente usted es el equivalente a un cierto tipo de jardinero orgánico.

La rabia y el amor son ambos de naturaleza orgánica: esto quiere decir que ambos pueden cambiar. El amor puede transformarse en odio. Usted sabe esto muy bien. Muchos de nosotros comenzamos una relación con gran amor; tan intenso que creemos que sin nuestro compañero no podemos sobrevivir. Pero si no practicamos la observación-con-atención-consciente, en sólo uno o dos años este amor se transformará en odio. (…) Se vuelve imposible vivir juntos, y el divorcio  aparece como el único camino. El amor se ha transformado en odio; nuestra flor se ha convertido en basura. Pero con la energía-de-la-atención-consciente usted puede mirar esta basura y decir: “No siento miedo. Soy capaz de transformar la basura en amor”. (ps. 29-31)

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Cuando una persona está furiosa y no sabe cómo manejar su rabia se siente perdida y sufre mucho. Y también genera sufrimiento en quienes están a su alrededor. En un comienzo uno siente que quien le ha generado esa rabia merece ser castigada: usted quiere castigarla porque le ha generado sufrimiento. Pero luego de diez o quince minutos de meditar caminando y observar-con-atención-consciente, usted se puede dar cuenta de que lo que esa persona necesita es ayuda y no castigo. Este es un descubrimiento extraordinario.

Como esa persona puede ser muy cercana a usted -puede ser su esposa o su esposo-, si usted no le ayuda, ¿quién lo hará?

Si usted ya sabe cómo abrazar su propia rabia se va a sentir mucho mejor, y al mismo tiempo podrá ver cómo la otra persona continúa sufriendo. Este descubrimiento lo motiva a acercarse de nuevo a esa persona. Nadie distinto a usted la puede ayudar. Esta es una forma de pensar completamente diferente -ya no hay en usted ningún deseo de castigar. Su rabia se ha transformado en compasión.

La práctica de observar-con-atención-consciente conduce a la concentración y al descubrimiento. El descubrimiento es fruto de la práctica que puede ayudarnos a perdonar y querer. En un lapso de quince minutos o media hora, las prácticas de observar -con-atención-consciente, de concentración y de descubrimiento, lo pueden liberar a usted de su rabia y convertirlo en una persona amorosa.

Había un muchacho de 12 años que venía a Plum Village cada verano para practicar con otra gente joven. Tenía un problema con su padre porque cada vez que cometía un error o se caía y se lastimaba, ese padre lo insultaba de distintas formas: “¡Qué chino tan estúpido! ¿Cómo puede hacerse algo así a usted mismo?” Esto ocurría cuando el muchacho simplemente se caía y se hacía daño. Así que él no veía en su padre una persona amorosa, un buen padre. Él se prometió a sí mismo que cuando creciera, se casara y tuviera hijos no trataría a sus hijos así. Si su hijo se caía, se lastimaba y sangraba cuando estaba jugando, no lo gritaría. Lo abrazaría y trataría de ayudarlo.

El segundo año que estuvo en Plum Village vino con su hermana menor. Ella estaba jugando con otras niñas y de repente se cayó. Se pegó en la cabeza con una piedra y la sangre comenzó a salir. Inmediatamente el joven sintió que surgía en su interior la energía-de-la-rabia. Él estuvo a punto de gritarle: “¡China estúpida! ¿Cómo puede hacerse algo así a usted misma?”, tal como lo hacía su padre con él. Pero gracias a los dos veranos que había estado en Plum Village pudo parar antes de hacerlo. En lugar de gritarle comenzó a practicar los ejercicios de caminar y respirar con atención-consciente mientras otras personas atendían a su hermana. En sólo cinco minutos experimentó un momento de iluminación. Vio que su reacción y su rabia eran la energía habitual que le había transmitido su padre. Él no quería tratar así a su hermana, pero la energía que le había sido transmitida por su padre era tan fuerte que casi lo lleva a hacer exactamente lo mismo que su padre le había hecho a él.

Para un muchacho de doce años este es un despertar maravilloso. Continuó caminando y repentinamente lo invadió el deseo de practicar para transformar esta energía habitual que no quería transmitirle a sus hijos. Supo así que solamente la práctica de observar-con-atención-consciente podía ayudarle a ponerle fin a este ciclo de sufrimiento.

El muchacho pudo ver también que su padre había sido una víctima de la transmisión de la rabia. Él posiblemente tampoco hubiera querido tratar así a su hijo, pero lo había hecho porque la energía habitual en él era demasiado fuerte. Desde el momento en que  descubrió que su padre también había sido una víctima de esta transmisión, toda su rabia hacia su padre desapareció. (…)

Cuando usted comprende el sufrimiento de la otra persona está en capacidad de transformar su deseo de castigar, ¡y entonces sólo desea ayudar! En ese momento usted sabe que su práctica ha tenido éxito. (ps. 36-39)