Necesitamos todas las emociones

“Las emociones son guías.
Por eso la ansiedad, la tristeza, la angustia,
el dolor, son parte de la experiencia
de ser humano”.

María Elvira Pombo.

La tendencia natural del ser humano es evitar cualquier situación o experiencia que le pueda generar dolor, tristeza o sufrimiento. Comprensible. El problema de querer evitar lo inevitable es que el sufrimiento puede ser aún mayor porque como todas las sensaciones y emociones, el dolor y la tristeza también hacen parte de la vida del ser humano. Aumentarlo o disminuirlo depende de la manera como cada persona lo defina, lo asuma y lo afronte.

Esto se ilustra de manera magistral en la película Inside out (Intensamente) en la que se muestra cómo la tristeza –así como emociones como la rabia, el miedo, la alegría y el asco- son emociones útiles y necesarias en diferentes momentos de la vida de una persona. Emociones como la rabia y la tristeza muchas veces generan o manifiestan una crisis. Y las crisis permiten poner en evidencia la necesidad de cambiar, de hacer algo diferente a lo que se ha venido haciendo, porque eso que se ha venido haciendo no está funcionando. De lo contrario, no se presentaría ninguna crisis.

Sin embargo, la tendencia general es intentar suprimir la tristeza –tal como lo muestran en la película- y sustituirla por la alegría. Pero muchas veces la tristeza ofrece una oportunidad de progreso personal que sin ella no se daría.

Hace unos meses llegó a mi consultorio una mujer que empezó la primera cita diciendo: “Finalmente puedo aceptarme a mí misma que estoy destrozada”. Después de más de seis años de matrimonio, de tener una relación que ella sentía era estable y sólida, basada en la mutua confianza, en un amor sincero y honesto, en la que nunca se había presentado una infidelidad, construida sobre ideales compartidos y que además era “para toda la vida”, se había terminado. “No vi ninguna señal, no entiendo qué pasó. Solamente sé que él finalmente me dijo que no me ama más y que quiere seguir su vida solo”.

La primera vez que el esposo le manifestó su deseo de separarse, Alejandra[1] habló con él buscando aclarar lo que ocurría. Le reafirmó el cariño y el amor que sentía por él, le dijo que estaba dispuesta a luchar por la relación, que buscaran ayuda, que lo intentaran. Él aceptó que lo volvieran a intentar pero sin ayuda externa. A partir de ese momento, ella intentó acercarse a él, buscar espacios de intimidad, disminuir los horarios de trabajo para pasar más tiempo juntos. Además, Alejandra le buscó espacios para hablar con él queriendo con el fin de conocer cómo estaba él, si tenía sus sentimientos más claros, si estaba más seguro de querer volver con ella. Pero las respuestas de él eran ambivalentes y las conversaciones siempre terminaban en peleas. Fue ahí que Alejandra buscó ayuda porque vivía en una zozobra y en una ansiedad constantes que ya estaban empezando a afectar su apetito y su patrón del sueño.

Al darse cuenta que cuestionar a su esposo buscando respuestas que él no le daba sólo estaba aumentando su ansiedad, Alejandra empezó a seguir una primera prescripción: escribir todas sus dudas y preguntas de manera que pudiera desahogarse y a su vez, evitar buscar las respuestas en él. Una semana después de hacer este ejercicio se dio cuenta que no quería seguir viviendo con la misma incertidumbre y decidió confrontarlo para que le respondiera una única respuesta: si él veía que podían volver a estar juntos o si definitivamente consideraba que la relación se había acabado. Fue ahí cuando él finalmente le aceptó que ya no estaba enamorado de ella. Así comenzó para ella un proceso de duelo, de dejar ir a quien ella seguía amando y adorando a pesar de que era la persona que más sufrimiento le estaba causando.

Inicialmente la tristeza que era constante. Le costaba trabajo concentrarse en el trabajo, le era difícil no llorar si le preguntaban por su esposo, los fines de semana permanecía en la casa de sus padres sin querer salir y pasaba gran parte de sus días llorando. A esta tristeza comenzaron a sumarse dudas, preguntas, cuestionamientos sobre qué era lo que había ocurrido pues a sus ojos, la relación que tenía con su ex esposo era maravillosa. Dentro de esas dudas apareció la pregunta sobre si él habría encontrado a otra persona, si se habría enamorado de otra mujer. Pero él siempre se lo negó y eso, paradójicamente, lo hacía aún más difícil de comprender. “Ahorita lo único que está presionando el botón en mi cerebro es la rabia y la tristeza. Las demás emociones están perdidas en mi subconsciente”, decía ella haciendo referencia a la película.

Inicialmente lo hablaba con algunos de sus amigos y amigas y con sus familiares buscando desahogarse. Pero con el paso del tiempo se fue dando cuenta que compartir con otras personas toda su tristeza y su rabia terminaba siendo contraproducente porque cada persona tenía una opinión distinta sobre lo que había ocurrido, sobre lo que ella estaba sintiendo e incluso, sobre cómo se debería sentir. De manera que poco a poco fue dejando de compartir lo que estaba sintiendo. Y para no “intoxicarse” con todo ello, empezó a cumplir con otra prescripción terapéutica: escribirme una carta diaria en la que pudiera expresar todo eso que se le pasaba por la cabeza: las dudas, los pensamientos, los cuestionamientos y claro está, todas las emociones que genera la mente o que llevan a que la mente empiece a trabajar más de la cuenta. En cada sesión hablábamos sobre lo que para ella era importante y fue así como ella fue descubriendo que cada una de las emociones que se estaban presentando no sólo eran inevitables, sino que estaban siendo útiles.

Comenzó por identificar algunos aspectos en los que ella sentía que había fallado, algunas cosas que efectivamente estaban ocurriendo en la relación y de las que ella no había sido consciente. A su vez, pudo empezar a ver a su ex marido con unos lentes diferentes dándose cuenta que sin ser mala persona, no era la persona idónea para ella. Reconocérselo fue doloroso porque siempre había estado convencida que era “el amor de mi vida”. Pero el amor no es suficiente y eso fue lo que ella pudo ir decantando, sin duda acompañado de un profundo dolor y tristeza, pero poco a poco fueron reapareciendo la alegría y la tranquilidad. “Ahora también la alegría está espichando el botón en mi cerebro y finalmente me estoy sintiendo más tranquila”.

Como cualquier proceso humano, las emociones no se presentan de manera lineal. Es decir que haber pasado por un momento de profunda tristeza no quiere decir que ésta no se pueda volver a presentar. Y eso le ha pasado a esta mujer quien todavía tiene fines de semana dolorosos, momentos en los que extraña a su ex esposo, vuelven las preguntas, las dudas y con estas, la ansiedad y el llanto. Pero a diferencia de lo que le ocurría al inicio, ha empezado a cambiar los lentes con los que inicialmente veía la situación y eso fue lo que se reflejó en lo último que escribió. “Yo te pregunté mucho qué interpretación «filosófica» darle a esto? Es decisión de Dios? Hay una razón? Estaba predeterminado, escrito en algún lado, que esto pasara? Pasa para algo? Un acuerdo del alma antes de nacer frente a lo que yo debía aprender? Y he decidido construir mi propia visión: Las cosas pasan porque sí, porque todo lo que tenemos es un préstamo del cielo, nada nos pertenece completamente. Pero siempre hay la oportunidad de decidir quedarse metido en la tristeza o volver a sonreír en la nueva realidad. Y yo decidí que quería asumir la segunda opción, y me siento llena de energía!

La realidad que vivimos es la que vamos construyendo. Y la experiencia de esta joven es la mejor muestra de ello pues la situación “objetiva” sigue siendo la misma: su esposo dejó de quererla después de haberse jurado amor eterno y de haber pensado que iban a estar juntos para toda la vida. Ella está teniendo que rehacer su vida sola, renunciando a muchos sueños que tenía en pareja. Sin embargo, la realidad subjetiva, que al final es la única que existe, cambió con lo cual es posible ver en la práctica lo que dijo Gandhi hace tantos años: si quieres cambiar el mundo, empieza por cambiar tu primero.

 

Ximena Sanz de Santamaria C.

Psicóloga – Psicoterapeuta

MA en Terapia Breve Estratégica.

 

[1] Nombre ficticio para referirse a la consultante

2 comentarios
  1. Avatar
    Luis Javier Beltràn Dice:

    Excelente. Sin duda, creemos que las emociones «negativas» perjudican. Al contrario al sensibilizarnos nos hacen mejores seres humanos, nos recuerdan que no debemos levitar por la vida sino que somos seres volubles que debemos desarrollar habilidades adaptativas en los momentos alegres o difíciles.

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