Si quieres influenciar, hazlo en conciencia.

“Harinas no como, nada de aceites ni vinagretas, frutas pocas, las menos dulces. Me gustan mucho las ensaladas, el pollo a la plancha, de pronto un pescado como una tilapia o algún tiradito de algo. Harinas…MMM…de pronto puede ser una arepa al desayuno con claras de huevo pero la arepa tiene que ser extra delgada. Leguminosas poco por lo que son carbohidrato, por lo mismo, intento no comerlas todos los días. Y si voy a comer carne tiene que ser magra porque la grasa la detesto”. Así empezó la primera consulta con María Cristina[1] quien llegó remitida por sus padres porque según ellos su hija no comía nada. Y esto lo corroboraban todas las pruebas nutricionales en las que se veían muy bajos los niveles de albumina, que mostraban una desnutrición crónica; las proteínas totales también mostraban un riesgo, así como los bajísimos niveles de calcio y potasio, todo esto sumado a una función renal alterada. Pero María Cristina se negaba a comer más de lo que según ella, estaba bien comer. ¿Bien según quién?

 

Como ocurre con muchas de las personas que llegan a terapia presionadas u obligadas por alguien más, la resistencia inicial es grande. Y cuando se trata de un problema alimenticio la resistencia tiende a ser aún mayor pues personas como María Cristina están convencidas que el mundo está equivocado, que exageran y que ellas están “divinamente”. María Cristina constantemente repetía que ella estaba comiendo ‘lo que está bien’ y cuando la confrontaba respecto a ese ‘bien’ a qué parámetro o según quién, se quedaba en silencio. Finalmente, después de varias sesiones en las que fuimos entablando empatía y una relación más cercana, María Cristina logró “confesar” –como ella misma lo dijo- a partir de qué y de cuándo había empezado a obsesionarse con la manera de comer y con el ejercicio. “Todo empezó por una publicación de Fulanita en la que decía que si uno quiere tener un abdomen plano y marcado debe dejar de consumir carbohidratos y dulce. Al comienzo me costó mucho porque yo amo el pan pero me estaba viendo un gordito en la barriga que me amargaba cada vez que iba a salir de rumba con mis amigos o que me iba a un paseo y me tenía que poner un vestido de baño. Entonces empecé por dejar de comer harinas por las noches”. Como buena obsesión, basta un granito de arena para empezar a construir una montaña debajo de la cual la persona queda sepultada (Nardone, 2008).

 

Empezar a ver que lograba dejar de comer carbohidratos por las noches le generó una sensación de control que, a su vez, le generaba placer. Y claro, con esto aumentaba la intensidad de ‘consultar’ las redes sociales y los perfiles de estas influenciadoras. “Otro día vi que medían las cantidades de lo que uno debe comer antes y después de hacer ejercicio. Entonces seguí por ahí, midiendo todo. Es ridículo, yo sé, pero darme cuenta al final del día que estaba logrando comer como esas personas empezó a darme mucho placer. Ahí vino el ejercicio”.

 

En este punto, María Cristina pasaba muchas horas del día metida en las páginas de estas mujeres midiendo la comida como ellas, haciendo las mismas combinaciones de alimentos, eliminando los mismos alimentos, tomando las mismas cantidades de agua, proteína y ahora, además, empezando a introducir largas jornadas de ejercicio. Llegó incluso a levantarse a diario a las 4am para alcanzar a trotar mínimo una hora y media (en ayunas, por supuesto) y así poder llegar a la oficina habiendo cumplido con lo que hacen todas estas ‘modelos a seguir’. Y claro, al introducir cambios alimenticios y de ejercicio tan drásticos y en tan poco tiempo, empezó a ver que el famoso ‘gordito de la barriga’ desaparecía, como desaparecían también sus senos, los glúteos, la masa muscular de los brazos, entre otras cosas. Como también ocurre en estos casos, al alterarse la percepción cambian lo que Nardone llama los lentes con los que se ve la realidad y los ‘nuevos’ lentes deformantes, en vez de hacerle ver que estaba perdiendo peso a pasos agigantados, la hacían ver más ‘gorditos’ y más puntos en los que podía seguir bajando. “Todavía no me veía como ellas”.

 

Para nadie es un secreto que, gracias a las redes sociales, hoy en día es muy fácil volverse “famoso”, o al menos popular. Abrir una página en una aplicación como Instagram –por ejemplo- y empezar a hacer publicaciones relacionadas con cualquier tema, en especial temas como el ‘fitness’, empieza a generar seguidores muy rápidamente. Esto alimenta las publicaciones y así poco a poco se va dando ese fenómeno por el que una persona pasa de tener 200 seguidores a tener miles e incluso millones de seguidores que están pendientes de cada foto que se publica con la porción de cada comida, del reloj que muestra el tiempo, la intensidad y la cantidad de calorías que quemaron mientras trotaban o montaban en bicicleta, del cuerpo perfectamente bronceado en vestido de baño, de la cantidad de repeticiones abdominales o de push ups que se deben hacer, abdomen marcado y envidiable que tiene ‘Fulanita’ quien además  pareciera que solamente se alimenta de batidos de proteína, algo de mango y aguacate. Hace poco vi una entrevista que le hacían a Karen Martínez y a Juanes preguntándoles cómo hacen para tener la vida tan maravillosa y perfecta que se percibe en las fotos y videos que publican en sus redes sociales. Y él, en un tono amable y algo irónico, dijo que lo que ocurría es que jamás suben fotos ni videos de ellos peleando con lo cual la gente se queda con la idea de que tienen la vida perfecta.

 

Todos sabemos, en teoría, que nadie tiene la vida perfecta. Pero cuando empieza a desarrollarse una obsesión por un tema, cualquiera que este sea, y especialmente el tema de tener el cuerpo perfecto, esta teoría se olvida. Y la vida de la persona, como le ocurrió a María Cristina y como les ocurre a tantas mujeres de todas las edades, se empieza a convertir en ser capaz de tener los mismos hábitos de vida que las influenciadoras digitales.

 

La libertad de expresión es un derecho, sin duda y por fortuna. Por lo mismo, con este artículo no quiero decir en ningún momento que estas influenciadoras no puedan publicar, promocionar y compartir lo que hacen, lo que comen y dejan de comer, sus rutinas de ejercicio, los videos en el gimnasio, las idas a hacer mercado, las preparaciones de las comidas, lo que piden en los restaurantes, la marca de ropa deportiva que compran, etc. Cada uno es libre de hacer lo que quiera con lo que vive. Sin embargo, no es lo mismo compartirlo con un par de amigos sentados a la mesa desayunando, que publicarlo ante millones de ojos detrás de los cuales se esconden historias, inseguridades, miedos, vacíos, problemas emocionales, añoranzas y preocupaciones de las cuales ninguna influenciadora es responsable. Pero si tienen influencia en las redes sociales y empiezan a ser pagadas por sus publicaciones, a recibir regalos de las diferentes marcas y almacenes, incluso a poder vivir de esto, creo que es importante tener en cuenta que eso se logra gracias a los seguidores y a los famosos ‘likes’ que estos les dan. Por ende, me parece importante que si van a publicar, lo hagan con una clara conciencia de por lo menos dos temas: evitar generalizaciones porque cada cuerpo, cada historia, cada persona es diferente, por lo cual decir que la única manera de tener un abdomen plano es dejando de comer carbohidratos anula todas estas diferencias y pone en riesgo la salud de muchas personas. Contextualizar, explicar de dónde obtienen la información que comparten y puntualizar en que hacen o dejan de hacer X ejercicio o dejan X comida por un tema de salud esta frase no la entiendo bien, por una recomendación puntual de su médico, etc. En resumen, ser muy claras en que nada de lo que publican es LA verdad, como única y absoluta, sino que son experiencias y vivencias personales de las que han devengado aprendizajes y conocimientos y eso es lo que están compartiendo.

 

El sufrimiento de personas como María Cristina es infinito. Puede parecer banal, como ella misma lo dijo, absurdo pensar que la vida de una persona se pueda ‘reducir’ a estar pendiente de la vida de otras. Pero como ella, son miles y cada vez más personas las que no solamente se generan problemas alimenticios, sino también problemas de ansiedad, cuadros depresivos y crisis de angustia porque la ‘vida perfecta’ de los demás se vuelve una tortura en la que es muy fácil caer y muy difícil salir. De ahí la invitación a hacer publicaciones a conciencia.

 

Ximena Sanz de Santamaria C.

Psicóloga – Psicoterapeuta

MA en Terapia Breve Estratégica.

Twitter: @menasanzdesanta

Instagram: @breveterapia

[1] Nombre ficticio para proteger la identidad del consultante

 

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