La vida es como el mar

Ella es Mariana. Mariana ha hecho un proceso en el que por su propia experiencia, ha descubierto y aprendido que la vida es como el mar: hay momentos en que estamos en la cresta de la ola y hay momentos en que las olas tienen que caer y con ellas, caemos nosotros. Es inevitable porque de esto se trata la vida, de aprender a manejar las tormentas para salir siempre más fortalecidos de las olas que aprendemos a manejar. Inicialmente Mariana pensó que el proceso la iba a ayudar a encontrar la perfección, a no volver a pasar por momentos difíciles emocionalmente. Pero el proceso, además de ayudarla a manejar los momentos difíciles, también le ha permitido descubrir que lo perfecto es enemigo de lo bueno, que llegar a la perfección no sólo no es posible sino que además, tampoco se trata de eso. De lo que se trata es de ser capaces de crecer, fortalecernos y salir adelante a pesar de los momentos difíciles. Gracias Mariana por haber sido capaz de hacer este proceso y más aun, por haber sido capaz de escribirlo y prestar un servicio a través de tu propia experiencia.

¿Cómo ha sido el proceso de trabajar en mí misma? Aunque es una pregunta bastante amplia, me parece muy interesante el ejercicio.

La primera cita, recuerdo bien, empezaste la conversación preguntándome: ¿Qué te trae por aquí? En ese momento me bloquee por unos segundos porque me sorprendió empezar así. Con una mezcla y cantidad de cosas por contar, dije: “soy/he sido una persona muy insegura”.  A partir de aquella sesión, todas las sesiones tenían como particularidad que me hicieras preguntas que ni yo misma me había hecho y que me ponían a pensar mucho. En esa primera sesión (enero) también te dije que maso menos desde octubre no me venía sintiendo del todo bien. Me sentía desanimada, triste, lloraba mucho y no tenía ganas de hacer nada. Estaba bajando de peso porque la parte emocional estaba influyendo en mis pocas ganas de comer.

Las primeras tareas consistieron en escribir. Escribir mucho y todo lo que se me viniera a la cabeza, sin importar la ortografía ni el orden, solo como saliera. Me di cuenta del poder que tiene escribir y no releer como si fuera un detox mental y emocional. Esta tarea estuvo presente a lo largo de las sesiones y que considero seguiré haciendo cuando lo necesite.

Hubo un momento de la terapia en la que me sentía frustrada porque sentía que no estaba progresando y a medida que avanzaban las sesiones, me iba dando cuenta poco a poco de muchas cosas. Una de ellas era que yo no venía “sintiéndome mal” desde octubre, sino que eran cosas que siempre habían estado presentes pero que nunca había realmente abordado. Quizás octubre fue el momento en el que dije no más, no quería que esto terminara afectando mi relación con las demás personas, tampoco quería seguir yendo a otras terapias que ya no me funcionaban porque no se abordaba el problema de raíz. Como esto era una herida abierta, al principio fue duro enfrentar todas las cosas que se tienen guardadas, pero a medida que avanzaba, me daba cuenta que son cosas en las que se puede trabajar para convertirlas en grandes oportunidades.

Bueno pero, ¿qué era realmente lo que sucedía? Primero, me di cuenta que todo estaba en mi MENTE, parecía un remolino que no para de pensar y crear ideas erróneas de la realidad. La mente puede llegar a ser tu mejor amiga o tu peor pesadilla y si no se controla o no se aprende a manejar, los malos pensamiento son la causa de muchos males físicos y emocionales. Segundo, desde la universidad había tenido grandes niveles de estrés y ansiedad que se agrandaban con los pensamientos negativos que pasaban por mi cabeza. Entonces todo se convirtió en un círculo vicioso al que tenía que ponerle atención. Grandes repercusiones se reflejaron en mi salud, especialmente en mi estómago, no precisamente porque algo me cayera mal sino por los niveles de estrés y ansiedad que estaba teniendo. A pesar de comer bien y de hacer ejercicio, no me aliviaba y entonces fue cuando lo asocié a mi estado anímico que si bien no sucedía todos los días, hubo un momento en que eran más los días malos que buenos. O más bien, eran más los días en que mi mente y mis emociones tendían más al lado negativo y por ende me ponía irascible, grosera y no dormía muy bien.

Entonces llegó el momento en el que decidí acudir a alguien que me ayudara a entender qué podía estar sucediendo y cómo poder trabajar en ello para que no se siguiera repitiendo. Cuando empezaron mis terapias y con las tareas que las acompañaban, fui dándome cuenta que lo que sucedía era más amplio de lo que pensaba pero solo necesitaba aprenderlo a manejar y a ACPERTARLO. Esta es quizás una de las cosas que más resalto de este proceso y es la aceptación de uno mismo y de las situaciones que ocurren. Esto con el fin de no pretender cambiar y controlar todo, lo cual me di cuenta que me hacía sentir ansiedad, pensar mucho en una sola cosa y preguntarme mil cosas a la vez. También aprendí que no se debe buscar la perfección de las cosas cotidianas pues realmente lleva al desgaste mental y sin duda físico.

Con esto dicho, y nunca pensé que diría esto, creo que era “necesario perderme para volver a encontrarme”. Yo creo que la vida me había estado mandando señales que yo no había realmente interiorizado. Entonces ese “detonante” fue cuando me sentía tan mal que pocas cosas me hacían sentir bien y debía tomar acciones para evitar que mi vida se convirtiera en una tormenta que solo existía en mi mente pero que estaba permeando todos los aspectos de mi vida. Entonces fue cuando decidí “trabajar en mí misma” para entender cosas básicas de la vida que hoy solo me hacen más fuerte y que agradezco me hayan puesto este obstáculo para crecer como persona. Yo creo que Dios o un ser superior sabe (ahora yo también lo sé) de todo lo que soy capaz, pero si no `pasaba por esto nunca me iba a dar cuenta de lo que puedo lograr con mi mente más tranquila. Aprendí que la vida es como el mar y que las olas son sus ciclos, que a veces uno está arriba, pero también abajo y que la solución no es salirse del agua, sino seguir en ella disfrutando cada circunstancia.

Ahora bien, esto no significa que esté o vaya a estar perfecta porque tampoco pretendo estarlo. Pero si no me siento bien o simplemente no quiero hacer nada, no lo hago porque luchar contra uno mismo es una tarea sin fin que sólo frustra y no genera resultados visibles. Esto es aceptación. Entonces, tengo momentos buenos y malos, mi salud aún no está del todo bien pero he comenzado a hacer cosas al respecto como leer libros sobre el bienestar, hago yoga, duermo mejor, como muy bien. Pero sobretodo, sonrío más.

 

Mariana.

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