La conciencia viene antes

 

  • “Le puse los cachos porque estaba borracha”
  • “Sí, me acosté con la novia de mi mejor amigo, pero la verdad es que estaba borracho”
  • “Dejé el carro en pérdida total porque salí tomado después de un evento”
  • “Estuve hospitalizada porque la droga que me metí me cayó mal y casi me muero”
  • “Me agarré a puños con mis amigos porque estaba drogado”

 

Escudarse detrás del consumo de alguna Sustancia Psicoactiva (SPA) para justificar un comportamiento, implícitamente da un mensaje: que las personas no tienen ni conciencia ni poder de decisión. De lo que se olvidan es que la conciencia y la decisión vienen antes de consumir la sustancia; de hecho, lo primero que revela la falta de conciencia es la decisión con respecto a consumir la sustancia que sea. “Yo no quería meter eso porque ya había probado y no había tenido una buena experiencia. Pero estábamos en una finca, todo el mundo estaba en las mismas, parecía un lugar seguro, en realidad me dejé presionar. Y lo siguiente que supe fue que amanecí en la cama con el novio de mi mejor amiga”.   

 

Victoria estaba en un paseo al que la habían invitado porque estaba muy triste a raíz de la terminación de su relación de pareja. Llevaba varias semanas sin salir, sin ganas de hacer nada, por lo que la mejor amiga le dijo que se fuera de paseo con el novio y los amigos, a quien Victoria conocía justamente por el vínculo con su amiga. Su amiga no podía ir al paseo por temas de estudio y por lo mismo pensó que la mejor acompañante para que le cuidara a su novio era justamente su mejor amiga. Victoria se fue a regañadientes porque realmente estaba muy triste. Al llegar a la finca, prepararon la comida y empezaron a tomar. “Yo no quería tomar mucho porque me conozco y sé que si estoy triste el trago es peor. Fijo termino llamando a mi ex a llorarle y al día siguiente el guayabo moral me mata”. Sin embargo, la presión de los amigos fue tan fuerte que Victoria terminó cediendo y aceptando unos tragos. Cuando ya estaba bastante tomada y a punto de irse a dormir, uno de los integrantes del grupo sacó drogas. Victoria sabía que se quería ir a dormir, pero en medio de la fiesta, de los efectos del trago, de la presión del grupo y del deseo de olvidar la tristeza que le producía haber terminado con el novio, aceptó una de las drogas.

 

“Me desperté y no me acordaba de nada. Me demoré un poco en entender en dónde estaba, con quién, de hecho no logré acordarme; hasta que vi al novio de mi mejor amiga acostado en mi misma cama. Lo desperté a gritos, en una angustia horrible y ahí me contó que nos habíamos dado besos la noche anterior, que no había pasado nada más pero que él se había acostado conmigo para cuidarme porque yo estaba muy mal. Lo que sentí en ese momento es lo más horrible que he sentido en toda mi vida”.

 

Después de reconstruir la historia, Victoria le pidió que se devolvieran a Bogotá y fueran de inmediato a contarle lo sucedido a su amiga. La amistad entre ellas terminó ahí, cosa que por obvias razones le ha dolido y la hace sentir muy culpable. Pero más allá de lo ocurrido con su amiga, lo que llevó a Victoria a pedir ayuda fue no entender qué fue lo que le pasó, por qué hizo lo que hizo, por qué actuó de esa manera.

 

A medida que fue avanzando la conversación durante la primera cita se fue poniendo en evidencia que el problema no era lo que había hecho bajo los efectos del alcohol y la droga, ya que cada organismo reacciona distinto. Por eso no es posible saber de antemano cuál va a ser la reacción de una persona al consumir una sustancia. El problema de fondo es la falta de conciencia previa al consumo, lo que la misma Victoria llamó “la desconexión conmigo misma”, que se ve reflejada en no haberse abstenido de consumir desde el momento en que sacaron el primer trago en lugar de haber cedido a la presión que ejercieron sobre ella. Victoria alcanzó a sentir que no quería consumir alcohol, y mucho menos drogas; pero en la medida que lo fue haciendo fue perdiendo el sentido de realidad, y ya bajo los efectos de una SPA se pierde la conciencia, la capacidad de decidir, de poner límites y se incurre en los errores en que la misma persona no quería caer. Por lo mismo el problema no se presenta cuando ya se ha consumido alguna sustancia, el problema se presenta por la falta de conciencia previa al consumo de cualquier sustancia.

 

“Me da vergüenza reconocerlo pero creo que nunca me he tomado unos tragos por gusto, por decisión propia. En cuanto a las drogas, yo no meto drogas, lo he hecho dos veces y las dos veces ni siquiera lo hice por mí, por curiosidad mía o porque quisiera probarlas; lo hice por presión, porque no iba a ser la única del parche que no iba a probar. Y lo peor es que en el momento en que me la ofrecieron estando en el paseo, yo sabía que no quería, mi conciencia me decía que no. Pero no fui capaz de mantenerme, de obedecerme a mí misma, y mira en lo que terminó haberle dado gusto a los demás por pena, por miedo, no sé por qué”.

 

Victoria no es una adicta, por eso su cuerpo no tiene ningún tipo de dependencia a ninguna sustancia, de manera que la conciencia y la voluntad están ahí. Su problema nada tiene que ver con un síndrome de abstinencia: tiene que ver con que a veces le cuesta oír su propia conciencia porque en la mayoría de los casos esto implicaría ir en contra del mundo en el que se mueve. Y el miedo a las burlas y al rechazo hace más fácil –no por eso más sano-, ignorar y acallar la propia conciencia, que escucharla y ser consecuente con ella.

 

“El verdadero misterio del mundo es lo que se ve, no lo invisible”, decía Oscar Wilde. Esto fue lo que poco a poco fue descubriendo Victoria al darse cuenta que el problema no radicaba en qué era lo que le había pasado mientras estaba bajo los efectos de las SPA, porque una vez más, saber cómo iba a reaccionar bajo los efectos de la combinación de ambas sustancias era imposible. El problema está en lo que ocurre en el momento previo al consumo, cuando ella estaba consciente y sabía que no quería tomar alcohol porque estaba vulnerable y triste, porque no quería perder el control de sí misma. Pero aun así, sabiendo eso, se dejó llevar por la vergüenza de quedar mal ante los otros, por el miedo a que la rechazaran o a que se burlaran de ella. El miedo a sufrir por el rechazo y la burla terminó haciendo algo que le generó un sufrimiento mucho mayor. Pero como todas las monedas tienen dos caras, el lado positivo de todo lo que ha vivido Victoria ha sido empezar a fortalecerse para vencer el miedo a que los demás puedan burlarse o rechazarla por pensar o hacer las cosas de manera diferente.

 

 

 

 

 

 

Ximena Sanz de Santamaria C.

Psicóloga – Psicoterapeuta

MA en Terapia Breve Estratégica.

Twitter: @menasanzdesanta

 

 

 

 

 

 

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